Las enseñanzas de yoga constantemente son una invitación a cultivar el tan mal entendido en occidente “desapego”.

Es bonito comprobar el interés creciente por esta ciencia; ¿pero cuántos de los que andamos subiendo fotos y posturas mil, comprendemos realmente el auténtico sendero del yoga?.

Me permito hacer una analogía utilizando una bonita historia budista.

Había un estudiante muy devoto que ponía todo su empeño en la práctica. El maestro insistentemente se le acercaba preguntando: ¿cuándo vas a empezar a practicar Dharma de verdad?. El estudiante no sabía qué hacer más! Había recitado mantras, estudiado los textos sagrados, leído oraciones, invocado a las deidades… ¿qué más podía hacer?. Un día el Maestro le dijo: “abandona todo apego a esta vida y entonces, todo lo que hagas será auténtica práctica”.

No creo poder presumir de muchas cosas, pero de haber tenido gran fortuna a la hora de encontrar buenos transmisores de las enseñanzas, sí. Ellos me explicaron que no se trata de abandonar a tu familia, ir a vivir en mitad del campo, no disfrutar de nada que te ofrezca la vida… Se trata de una sobriedad muy especial de aquél que dejó de arrastrarse por un elogio, evitando cualquier crítica; de aquél que dejó de tener miedo a los vaivenes del éxito y el fracaso; aquél que no se inmuta ante la riqueza o la pobreza; aquél que supo que placer y dolor son dos caras de una misma moneda… aquél que había descubierto la auténtica plenitud en el único lugar posible.

Feliz día yoguis!

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